viernes, 7 de noviembre de 2014

Más rabia que nada - Cincuenta sombras de Grey, por E.L. James

Terminé el libro “Cincuenta sombras de Grey” de E.L. James. 

Primero que todo debo aclarar que nunca estuvo en mis planes leerlo y tampoco se encontraba en mi lista de "pendientes". Sin embargo, por esas cosas de la vida, tenía que probar un sitio de compras por Internet y decidí adquirir un ejemplar, ya que su precio era bastante conveniente y, si el servicio del sitio resultaba un fiasco, al menos, no perdería una gran suma de dinero.

Hecha esta aclaración, puedo dar mi opinión frente a su lectura. En general es un libro rápido y fácil de leer, es verdad que te mantiene pasando de una página a otra sin apenas darte cuenta. Es “entretenido”, si se puede calificar de esa forma, sin embargo el final deja un sabor amargo y predecible.

La protagonista es detestable. La verdad me dieron ganas muchas veces de cachetearla y gritarle: “¡abre los ojos carajo!”. Pero obvio que no podía. Es realmente frustrante ver como Anastasia Steele es manejada al antojo por el tipo del cual ella se enamora. Por muy inocente y poco “experimentada” que fuera, uno posee sentido común, o algo parecido, que te indica que ningún hombre (aunque en general ninguna persona) te puede tratar de la manera que ella es tratada.

Lo que más me exaspera es la estupidez de creer que alguien violento puede, simplemente, dejar de ser violento. Alguien que disfruta o se excita haciendo sufrir a otro, provocando daño física, psicológica y/o moralmente, buscando someter o denigrar, tiene algo mal y retorcido dentro de si  mismo, y no es diferente a un torturador cualquiera.

El sexo sadomasoquista está bien para quienes, conociendo a lo que se encuentran expuestos, voluntariamente se entregan a él y a sus reglas, porque esas reglas si existen y deben ser respetadas (se supone).
Sin embargo, uno sabe cuando algo está mal. La protagonista de esta novela no deja de impresionarme debido a la terquedad con que se empecina en su estupidez. Ella misma se venda lo ojos y descubre la “verdad” (que estuvo frente a ella todo el tiempo) de la peor forma.

Esa idea empecinada de “hacer lo que sea por este hombre” es quizás lo que más me sulfura y, a la vez, me desilusiona. Hacer lo que sea. Es decir tu voluntad y conciencia, principios, ilusiones, tu vida, echadas al tarro de la basura por un tipo. Creo que el amor por muy intenso que sea, no llega a este nivel de tontera, realmente lo que la protagonista siente por aquel “macho alfa” es obsesión. El tipo es simplemente un adicto al sexo y al sufrimiento. Ni si quiera es que disfrute del erotismo y placer masoquista o sadomasoquista; es simplemente hacer sufrir. Eso es enfermo y psicopático.

No logro entender porqué dicen que esta novela es una “liberación femenina” o una “revolución para las mujeres”. De liberación no tiene nada. Sí, puede ser una novela orientada casi al cien por ciento al público femenino, debido a la forma en que se cuenta la historia y la visión de la protagonista. Sí, es excitante en algunas partes y te hace sentir “cositas”. Pero el paradigma sigue siendo el mismo: el someterse al más fuerte ¿No ha sido así en casi toda la historia de la humanidad? ¿Que tiene de revolucionario que sea precisamente el hombre el que te lleve y te pervierta, o te “enseñe las maravillas” del sexo? En el fondo sigue siendo la misma historia de las princesas de Disney, solo que ahora adultas pero igual de tontas, la necesidad de tener a un hombre (o a un dominante) al lado para poder construir identidad. Que horrible.

Quizás lo destacable de este tipo de literatura es que, por fin, nos estamos atreviendo a decir las cosas como son. El hecho, es que ahora ya no somos tan mojigatos y podemos llamar al clítoris, clítoris y a la vagina, vagina, y eso me alegra. Al fin nos estamos liberando de esa lacra de creer que el cuerpo es malo y debe ser censurado y escondido.


Finalmente. Lo más probable es que no lea los dos siguientes libros de la saga, no creo poder soportar más páginas de “inocencia” poco inteligente de la señorita protagonista. Definitivamente no iré a ver la película, eso está claro.

Javiera.

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