sábado, 29 de noviembre de 2014

Sólo la muerte nos hace humanos. "El hombre bicentenario", por Isaac Asimov.

Debo admitir que cuadro llegó este libro a mis manos, pensé que era una novela amplia, de muchas páginas. Pero me equivocaba. El Hombre Bicentenario es un cuento. Uno maravilloso.

Asimov tiene la habilidad de crear obras que pueden ser leídas de forma literal y encontrarlas entretenidas; y de manera más compleja, hallando una profundidad y riqueza impresionante.

Este relato, habla sobre Andrew, un personaje noble, tranquilo y honesto. Esencialmente bueno, pero tiene un solo problema: es un robot. Él lo sabe y no le gusta.
Es una unidad hecha para ocuparse de algunas tareas hogareñas. Llega a una familia, donde es bien recibido y tratado adecuadamente. Cumple a cabalidad con las tres leyes de la robótica, es fiel a sus dueños y su desempeño es notable; sin embargo algo sobre su condición comienza a molestarle. Y es precisamente el hecho de ser un robot.

En el cerebro positrónico de Andrew, se comienza a gestar la idea de querer ser humano. Y a traves de diversas formas, comienza a intentar ser y parecer uno. Utiliza ropa, busca la manera de que le realizen cirugías que comienzan a cambiar su fisonomía completamente.

Además, podemos ver cómo este robot comienza a "sentir". El explica en alguna parte que "los circuitos de mi cerebro funcionan con mayor fluidez" al realizar tareas que lo complacen, que le gustan. Su "señor" le permite desarrollar sus talentos y ganar dinero con ellos, de esta forma Andrew puede adquirir ciertas cosas con SUS propias ganancias y tener cosas propias. Finalmente cuando posee suficiente capital, decide comprar lo más valioso para él. Su libertad.

Luego podremos ver diversas peripecias y logros de este notable Robot, siempre queriendo ser y parecer más humano. En apariencia y, probablemente, en sentimiento, lo logra. Sin embargo aún no es considerado como uno más. Existe algo, que nosotros tenemos, y los robots no.
Y eso es la muerte.
La posibilidad cierta de morir, es lo que nos hace seres humanos. La característica finita de nuestra existencia no da la característica que un robot no tiene, ellos funcionan... nosotros vivimos. Es una diferencia sutil. En el cuento se plantea de manera excelente, este dilema. ¿Qué nos define como humanos?

Asimov nuevamente pateando cerebros.
Javi.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Nuestra vida es el sueño de alguien más. Niebla por Miguel de Unamuno.

SPOILER ALERT!
Primero, este post debió ser subido el martes, pero por razones de tiempo, me fue imposible. Dicho esto:

Desde niña, siempre me sentí intrigada por el nombre de Miguel de Unamuno. Me llamaba la atención, profundamente, había cierto misterio con respecto a su literatura y filosofía.
En la biblioteca de mi casa, encontré un ejemplar de Niebla, una nívola, como el propio autor la denomina. Fue una sorpresa increíble. Es entretenida, rápida, pero al mismo tiempo hace cuestionarse la convicción más profunda de todo ser humano: ¿existimos en realidad?

Para ser honesta, siempre me he cuestionado la veracidad de la vida como tal. Es como si permanentemente tuviera un sentido de irrealidad, como si las cosas no estuviesen pasando en realidad.

¿Qué pasa si verdaderamente todo lo que estoy viviendo, no es más que un sueño? ¿Voy a despertar? ¿Y si en realidad estamos muertos, y lo que percibimos, no es más que el delirio de un cerebro en sus últimos destellos? ¿Seremos una especie de sueño en la mente de algo o alguien? El hecho que nunca nadie se hiciera estas preguntas, era para mí, un motivo de preocupación franca ¿sería que, en realidad, yo estaba loca?

Pues no. Unamuno me hizo caer en la cuenta que existen otros como yo; que se cuestionan la existencia, no desde los objetivos o el pasado, sino desde su base misma ¿existimos en realidad?
Porque, ¿Qué es lo real, al fin y al cabo? La proyección de lo que nosotros creemos que es verdadero. Para un esquizofrénico, las voces que oye en su cabeza son tan reales, como para los no afectados por aquel padecimiento, es  la voz del locutor radial o del presentador de televisión.

Miguel de Unamuno, plantea magistralmente este dilema. El relato comienza presentando a los personajes, que psicológicamente hablando son bastante complejos. No realiza grandes descripciones; sino que es la forma de interactuar entre ellos, sus diálogos, y comportamiento,  lo que nos deja entrever de qué manera se constituye cada uno de los actores en esta historia.

Augusto, hombre solitario desde la muerte de su padre, vive en una casa con dos empleados, es bastante volátil en su manera de pensar. Tiene dinero, por lo que no realiza trabajo alguno, por lo que dedica su tiempo a pensar. Se enamora perdidamente de Eugenia, quién sin ser pudiente, no pasa necesidad. En el comienzo la chica parece ser extremadamente cándida y dócil; en busca de un marido con una posición privilegiada para asegurar su futuro. Sin embargo, poco a poco veremos que ella es terriblemente inteligente y calculadora. 

Víctor, es el típico amigo entrañable, a quién el protagonista confía sus secretos y deseos más íntimos. No es el típico amigo condescendiente, sino que a través de ésta relación, es donde mejor se puede conocer al protagonista y sus laberintos. En este compañero de vida, podemos ver reflejado también al autor, ya que éste se encuentra escribiendo un libro, una nívola. Se puede entender, de esta forma, aspectos que componen la filosofía de Unamuno, así como la visión que poseía sobre el mundo de la literatura.

De Orfeo, se podría decir que no es un personaje propiamente tal. Es un perro. Pero juega un papel tan importante en la vida del protagonista, que merece la pena nombrarlo. Con aquel can, que Augusto recoge de las calles, realiza profundas reflexiones, sobre la vida, la muerte y el amor.
Otros personajes notables son Mauricio, el novio de Eugenia, quien representa el epítome de la pereza  y completa falta de preocupación frente al porvenir. Domingo y Liduvina, los criados de Augusto, quienes lo quieren como a su propio hijo, y dan el toque hogareño  a la  vida del protagonista; Ermelinda y Fermín, son los tíos de Eugenia, quienes la han acogido en su casa, su tía quiere educarla en el camino recto, para que encuentre un buen esposo, sin embargo Fermín cree que su sobrina debe tomar riesgos y decidir por sí misma qué desea para su futuro, viviendo sin reglas esclavizadoras. Finalmente, Rosario, una muchacha que se encarga de la ropa del protagonista; ella, perdidamente enamorada de Augusto, se deja adentrar en una extraña relación, donde él busca consuelo a sus penas en los brazos de la muchacha.

Sin embargo, lo más notable de todo es el encuentro del protagonista con el Autor, quién es casi un personaje más. En esta reunión, Augusto confronta al escritor, exigiéndole existir, demandando libre albedrío, poder ser él mismo y dejar de ser manejado como una marioneta. Finalmente el autor se cansa de la rebeldía de su creación, y decide terminar con ella; lo condena a muerte. Esa noche Augusto morirá inevitablemente.

Debo decir que este encuentro es increíblemente notable, inesperado, trágico, y trascendente. No tengo otra palabra para describirlo, ya que luego de la conversación la vida del protagonista cambia de forma radical. No se puede evitar hacer una analogía frente a la eterna rebeldía del ser humano con la divinidad, cualquiera esta sea.

Trata de responder a la eterna pregunta de si queda algo de nosotros una vez que morimos. La inmortalidad es un cuestionamiento permanente, tan fundamental, que no queda respondida a cabalidad, pero puede desprenderse que, sólo si existe algo después de la muerte, entonces podremos ser inmortales, sin embargo es necesario que alguien en el mundo material, y terreno, nos pueda pensar, que nos sueñe.

Esta analogía es tan intensa que no es fácil imaginarla, ¿qué pasaría si, verdaderamente, solo somos el sueño de alguien? Durante mucho tiempo, nos han convencido que somos eternos y tan importantes que tenemos una vida  sempiterna esperándonos en una especie de paraíso. Posiblemente somos tan insignificantes, como una partícula de arena. Puede sonar deprimente, en cierto sentido lo es, no en vano algunas personas luego de interiorizarse en la filosofía de este autor, han decidido quitarse la vida. Pero, en mi opinión no tan humilde, creo que una vez asumimos que no hay nada del otro lado, y que luego de morir, nuestra existencia lisa y llanamente se termina, se puede vivir mucho más tranquilo y de manera más noble.

Más tranquilo, ya que no tenemos que estar siempre mirando sobre el hombro para no caer en tentación, o ser perseguidos por la idea del castigo eterno, con miedo de dios, miedo del pecado, miedo a la vida, miedo a la falta de tiempo o al exceso de este,  y miedo a la muerte inevitable. Si asumimos que nos acabamos, que somos seres finitos, la vida puede ser disfrutada de manera más plena; porque no hay otra oportunidad de hacerlo.

Más noble. Un gran aspecto negativo de las religiones en general, es el uso del chantaje y el soborno, para introducir sus preceptos. Te amenazan con el fuego y sufrimiento eternos si no crees, o si no cumples con lo establecido, si fallas, si te falta fe y te sobra confianza, te juzgan con una vara que ni los mismos jerarcas y partidarios más duros son capaces de alcanzar. Por si no fuera poco, además intentan comprar la voluntad y el juicio personal, con ofertas de una eternidad en un paraíso, libre de todo sufrimiento, la inmortalidad en dicha, paz y alegría. Pero solo si cumples lo que ellos dicen. Podrás estar entre los elegidos, si tu lista de obediencia está perfecta, y tienes un tiempo limitado para eso.

Creo que habla mucho más de una persona, el hecho que por libre decisión, escoja los valores y principios en base a los que quiere vivir, y los mantenga. Eso es tener integridad.


En resumen: este es un libro profundo, que invita a una reflexión de igual magnitud. Su lectura no es difícil, pero son las conclusiones posteriores son las más densas. La historia es rápida, a veces, demasiado, se percibe como si todo ocurriera en un abrir y cerrar de ojos. Es importante entender que el autor no se rigió por ningún estilo convencional a la hora de escribir el libro, sino que creó el género de la nivola, para poder sentirse más cómodo y redactar a sus anchas.

Javiera.

martes, 11 de noviembre de 2014

Gratamente sorprendida - “The girl with all the gifts”, por M.R. Carey. (NO SPOILERS)

Cuando leí un aproximado sobre el tema que trataba esta novela, me intrigó profundamente. Es de esos libros donde no puedes decir mucho para no revelar la trama principal, porque cada detalle es importante y conecta un punto con otro dentro de la misma historia. Por lo que intentaré dar una visión general.


Todo se sitúa en un mundo post-apocalíptico, donde prácticamente todo lo conocido ha quedado hecho cenizas. Las principales ciudades están devastadas y la población humana ha sido diezmada.

Nos encontramos en Inglaterra, en una escuela diseñada especialmente para unos niños muy particulares, que deben ser tratados de manera delicada. La protagonista de la historia es Melanie, una pequeña pálida, delgada, de cabello rubio y muy inteligente.

De a poco, el autor va revelando los diversos sucesos que ocurrieron para llegar al momento en donde se sitúa la historia. Al inicio no se entiende bien la trama, pero, y de forma casi sugerente, se comienza a develar el tema, lentamente, como una madeja de lana, causando en el lector la necesidad imperiosa de leer más y más, con el fin de descubrir cuál es el meollo del asunto, y responderse las mil y un preguntas que surgen a medida que uno avanza.

Debo decir que no todas las preguntas son respondidas a cabalidad, por lo que hay que “conformarse” con el final abierto y un poco de conclusiones propias, ya que algunos cabos quedan sueltos. Por ende, si a alguien le agradan, los finales cerrados donde todo queda claro y/o concluido, este libro no es para ellos.

Es una novela del grupo de la Dystopia, pero que sale de lo común frente a otras historias de ciencia ficción, no tiene diálogos técnicos interminables, y descripciones científicas que pueden transformar un texto en un soberano aburrimiento. Es rápida, divertida en algunos momentos, sin embargo, su principal cualidad es la de ser profundamente perturbadora. Da miedo, no porque M.R. Carey  tenga vocación de H.P. Lovecraft o Stephen King, sino porque nos refleja como humanidad. De la forma en que nos hemos comportado antes y de qué manera, en un futuro no muy lejano, probablemente no cambiaremos en nada.

La atmosfera del libro es, a ratos, densa y angustiante, pero siempre intrigante, no se puede odiar ni amar a los personajes mucho tiempo, debido a que comienzas a comprenderlos, ¿qué haría yo en este caso?  Hay momentos de intenso suspenso, que hacen que el lector involuntariamente aguante la respiración, por lo que no hay tiempo para aburrirse aquí.

La forma de narrar es bastante novedosa, el tránsito por las páginas es muy ameno y, además, la experiencia de leer en inglés, el idioma nativo del autor y original de la novela, enriquece mucho, porque las traducciones usualmente hacen que se pierda la esencia de los manuscritos originales. Aunque diga lo mismo, no es igual.

El final, es lo más sorprendente pero espeluznante que he leído. Cuando terminé, tuve que releer las páginas capitulares. Definitivamente no pude evitar sonreír con nerviosismo y decir: ¡Holy shit!

En resumen: una muy buena novela, refresca un poco el género de la ciencia ficción, y nos saca del paradigma. Entretenida, fácil de leer (para quién sabe inglés), perturbadora e inteligente. Lástima que no haya llegado a Chile aún.

Elevo mis manos a todos los dioses y demonios para pedir: ¡Que no la hagan película por favor!, es un muy buen libro como para que lo transformen en un fiasco.

Javiera.