domingo, 21 de febrero de 2016

Proyectos y la influencia de la perspectiva.

Me ha pasado siempre que, en las decisiones importantes me cuesta poder ponerlas en perspectiva. Me es muy difícil proyectar un plan y mantenerme constante, especialmente cuando no puedo ver resultados más menos rápidos o tener una retro alimentación concreta, dinámica y veloz, frente a mis acciones. Por esta razón comienzo a perder interés, y a tomar decisiones rápidas, poco pensadas, sin la reflexión necesaria.

Me pasó esto con mi proyecto de comprar una casa... o departamento... una propiedad al fin y al cabo. Mi objetivo es irme a vivir sola, y, como no planeo casarme ni tengo pareja en el corto plazo, comprar es la opción que prefiero. Para esto, en Chile, hay que pedir un crédito hipotecario... no hay otra opción. A menos que seas hijo de un millonario o seas un narcotraficante, entonces tener propiedades no sería un proyecto, sino una realidad.

El asunto es que yo tenía la idea de irme de mi casa hace tiempo, es parte de mi proyecto personal más importante. Sin embargo, me van saliendo otras cosas en el camino y "olvido" mi principal objetivo.
De repente creo que es porque, secretamente en mi interior, no quiero irme de mi casa, me gusta vivir ahí y no tener que preocuparme por cosas como: pagar cuentas, dividendo, comprar cosas, etc,. Pero, por otro lado, quiero irme... ¡pero ojo! que no se entienda como si me llevara mal con mi familia, para nada (solo lo habitual). Quiero irme porque quiero hacer mi vida sola, hacerme responsable de mis propios asuntos. En el fondo sentir que soy adulta de una vez por todas.

Cada vez que lo pienso, me impaciento más por lograrlo. Tanto que me cuesta pensarlo bien, y quiero hacerlo ahora ya, salir de la oficina y partir a firmar la escritura de compra. Entonces me topo con las obvias limitaciones, no tengo dinero suficiente para el pie (20% del precio total de la vivienda como mínimo) que hay que dar al contado, no tengo claro el monto por el cual puedo endeudarme (algo llamado capacidad de endeudamiento) y los valores máximos de crédito a los que puedo optar con el nivel de ingreso que poseo en este momento de mi vida. Obvio que no sé nada de esto, porque no me he dado el trabajo de averiguarlo.

Pero por otro lado tengo tantas cosas que tengo en mente, que quiero hacer... viajar, sobre todo eso: viajar. Siento que comprar una propiedad es atarme a un lugar, a trabajar por siempre, amarrada a una deuda que pagaré hasta el día que me muera.

Esperanzador.

Así es como me voy para el otro extremo y quiero vivir una vida sumida en la anarquía y el desarraigo, donde nada me ate a ningún lugar.

El asunto es que este ultimo mes, me he visto corriendo y recorriendo lugares, en busca de un departamento para comprar... he encontrado, pero estoy limitada por el precio excesivo del metro cuadrado en esta sobre-poblada ciudad. Y, la verdad, eso me ha hecho desanimarme en más de una ocasión; preguntarme si de verdad quiero meterme en un trato draconiano; un contrato de esclavitud que durará al menos 30 años de mi vida, y ante el cual, como ciudadano común y corriente, me expongo a que ante el más mínimo error, todo me sea arrebatado.

Hoy, como buen domingo, entré en razón y me di cuenta que tengo que aplazar mi decisión de compra, es la única forma en que podré juntar un buen piso de dinero para comenzar y que el monto de mi deuda no sea tan brutal.

lunes, 3 de agosto de 2015

La lesión mental. Cuando el impedimento está en la cabeza.

Dentro de la amplia gama de afecciones que un runner puede padecer, existe un tipo de mal que, a los ojos de esta humilde corredora, es el peor de todos: la lesión mental.

Atención: no soy psicologa ni médico especialista, así que este post viene escrito desde la experiencia como runner amateur.

Para cualquier persona que practique un deporte de forma más menos seria, con objetivos y planes de entrenamiento, la fortaleza física es un pilar fundamental que nos ayuda a mejorar el rendimiento y evitar problemas físicos derivados del esfuerzo.
Sin embargo dejamos de lado un segundo, e importante, pilar: la fortaleza mental. “La cabeza” es un aspecto algo olvidado, que empieza a pasar la cuenta con el correr de los entrenamientos, y que, si no sabemos sobreponernos, puede tirar por la borda todo el camino recorrido.

Muchas veces, cuando entrenamos, se comienza con gran motivación, cumpliendo al pie de la letra cada detalles de los ejercicios. Sin embargo, al poco tiempo, el desánimo comienza a asomarse de forma inevitable. Para poder sacudirse esta sensación tener un grupo de entrenamiento ayuda muchísimo. Pero en ciertas ocasiones no es suficiente y hay que ir más allá.

La lesión mental, es aquella sensación o molestia que se siente durante el entrenamiento y que nos impulsa a no seguir y abandonar. Comenzamos a sentir toda clase de dolores y molestias; nuestra mente magnifica todos los estímulos y lo que en su momento fueron sensaciones “normales”, ahora nos parecen indicios de una muerte inminente.

Pero no solo son percepciones.

Cuando la cabeza se nubla y deja de trabajar con nosotros, la somatización viene de inmediato. Aparición de dolores medio fantasmagóricos, poco definidos; fatiga, agotamiento, disnea o la sensación de falta de aire, todas cosas inespecíficas que finalmente nos dan la excusa perfecta para abandonar el entrenamiento o bien para ni si quiera levantarte a entrenar.

En estos casos, tu mente, comienza a trabajar en contra tuyo, y es un proceso, que una vez que se identifica, es claro como un rayón en la pintura del auto y hay que agarrarlo de inmediato. 
Te levantas con ganas, pero desde ahí empiezan las escusas: “es que dormí mal, hace frio o mucho calor, me duele un poco el pie, ayer me salió un ampolla por el calcetín”.
Si es que logramos atacar el asfalto, aquí la cosa se pone intensa: “la humedad, el sol o el viento, que el pavimento… que llevo recién 5 y ya estoy agotada, me falta el aire, queda mucho aún…” Suma y sigue.
Este tipo de “contra-estimulo” es algo que es mandatorio entrenar, tanto o más, que los músculos con que se correrá una carrera. Porque las maratones también se corren con la cabeza. Además, de esta manera, será más fácil saber cuándo una molestia amerita mayor preocupación o una visita a un médico.

El entrenamiento psicológico es una especialidad más menos reciente en la medicina deportiva, que busca aplicar los principios propios de la psicología para permitir al deportista adquirir, mantener y mejorar sus habilidades deportivas. Obviamente, quienes más aprovechan esta disciplina son los deportistas de alto rendimiento, sin embargo cualquiera puede beneficiarse de sus técnicas y métodos.

El aspecto psicológico es muy amplio, cambia constantemente y, por su puesto, varía de persona a persona; sin perjuicio de lo anterior, se pueden identificar procesos que se interrelacionan e interactúan entre si, influyendo en el comportamiento y rendimiento deportivo. El aspecto cognitivo relacionado con la percepción, el pensamiento, imaginación, toma de decisiones, etc.; la motivación, ligada a la voluntad, esfuerzo y sacrificio, la o las razones por las que decide iniciar una actividad y mantenerse en ella. Y el proceso emocional aquel que se relaciona con las vivencias placenteras o desagradables que acompañan a las actividades.

Al ser una disciplina amplísima, no es posible agrupar todos sus detalles en una sola definición o idea, sin embargo, para quienes practicamos deporte de forma amateur, pero que queremos ir un paso más allá, es bueno listar algunas habilidades que es posible trabajar para complementar el rendimiento desde múltiples aristas.
  • Autoconocimiento: es conocerse en detalle. Se logra con el tiempo, sin embargo es fundamental analizar en profundidad cómo se responde y reacciona frente ciertos estímulos. Saber de qué forma influye el entorno sobre uno, es central a la hora de plantearse frente a las diversas sesiones de entrenamiento, de esta forma además de instruir nuestra cabeza en el autocontrol, y autodominio, podemos buscar estrategias para motivarnos y no abandonar los entrenamientos.
  • Autoconfianza y motivación: punto fundamental. Aquí es necesario plantearse objetivos y orientarse hacia ellos, no perderlos de vista. De esta manera se puede trabajar concretamente para lograr alcanzar la meta que se desea. Buscar ya sea en vídeos, música, extractos de películas o libros, frases o imágenes mentales que nos motiven y provoquen sentimientos positivos, que recuerden cuál es nuestro objetivo y hacia donde se aspira.
  • Dejar de pensar: a veces, todo lo que planteamos antes, ya se hizo. Estamos en la mitad de un entrenamiento y ya no queremos más. Preferimos parar e irnos directo a la casa. Ahí es donde hay que detener en el acto este tipo de pensamientos, ser capaces de controlarlos y reorientarlos hacia otros más positivos. Es necesario decirse (o gritarse) a uno mismo: ¡Ya basta! Utilizar imágenes o frases mentales de automotivación es extremadamente útil en estos instantes.


Es importante poder identificar y potenciar aquellos factores psicológicos que pueden ayudar a los deportistas (amateurs incluidos) a conseguir un mejor rendimiento deportivo, buscando la satisfacción y el desarrollo como personas. El deporte no debiera ser sólo trabajar duro, sino que hacerlo de forma intensa, pero inteligente.

Se me quedan muchísimas cosas fuera, lo sé, pero probablemente no podría poner todo en un solo post. Lo importante es que el deporte nos ayude a desarrollarnos positiva e integralmente.

Fuentes:
·      Florean Alejandra. Introducción a la psicología del deporte. Psicólogos del deporte [página de internet] Disponible en: http://www.psicologosdeldeporte.com/articulos.html
·      Ros Martínez Almudena, Moya-Faz Francisco J., Garcés de Los Fayos Ruiz Enrique J.. Inteligencia emocional y deporte: situación actual del estado de la investigación. CPD  [revista en Internet]. 2013  Jun [citado  2015  Ago  03] ;  13(1): 105-112. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1578-84232013000100011&lng=es
·      Universidad del País Vasco. Psicología del deporte: concepto, utilidad y fines. [página de internet] [citado 2015 Ago 03] Disponible en: http://cvb.ehu.es/open_course_ware/castellano/social_juri/psicol_deporte/contenidos/concepto-utilidad-y-fines-de-la-psicologia-del-deporte.pdf

"Quit it's not the answer"
Javi.

miércoles, 15 de julio de 2015

Entrenar con frio.

Se vino el invierno. Nada que hacer. La lluvia escasea, sin embargo, el frío ya se instaló en Santiago. Entonces ¿como entrenar sin enfermarse? Pregunta complicada, que en realidad tiene varias respuestas. La mayoría de ellas se obtiene de ensayo y error, pasando varios inviernos corriendo y probando diversas formulas; nunca se obtiene una solución perfecta, pero al menos una que da los mejores resultados. En mi caso, esto es lo que yo he aprendido:

La ropa: este es uno de los punto principales. En invierno, más que en ninguna otra época de año, el uso de ropa técnica, es decir, diseñada para el running; se hace indispensable. Sí, indispensable. Esto se debe a que, para hacer frente al frío la mejor estrategia en vestirse en capas. Pero estas capas deben ser con materiales que ayuden a que la humedad y la transpiración salgan hacia la superficie y se evaporen. 
Las camisetas, chaquetas y calzas de running, están diseñadas especialmente para ello. Cualquiera puede alegar y reclamar por los elevados precios y el excesivo cobro de las marcas y etc. Sin embargo, la inversión lo vale. Correr con ropa de algodón en invierno solo contribuye a acumular transpiración en la ropa, hacerte trotar más pesado y a que el enfriamiento sobrevenga de manera muy rápida e inevitable.
Existen opciones baratas de ropa técnica, ya sea en tiendas de descuento, outlets o lugares donde venden ropa de segunda selección. En Chile se pueden encontrar en muchos sitios en internet donde hacen rebajas importantes por comprar en este medio.

Las capas: esto va relacionado directamente con el párrafo anterior. No puede hacerse sin ropa técnica.
La idea principal de vestirse en capas es evitar el enfriamiento, y así mismo, impedir el que nos dé demasiado calor y que sudemos en exceso. Por esto, según mi experiencia, lo mejor es utilizar tres capas.
La primera: es la base-layer, o capa base, primera capa, etc. Diversos nombres para una misma prenda. Generalmente manga larga o tres cuartos.
El tórax genera gran cantidad de calor, pero al mismo tiempo se enfría muy rápido, por lo que en caso de viento, bajas temperaturas o lluvia (nieve también) es indispensable su uso. Si tenemos solo manga corta, en el mercado venden maguillas o arm-warmers.
Es de vital importancia proteger los brazos, ya que la superficie corporal que representan es considerable, y esto puede contribuir de manera notoria a que sintamos mucho frío, o que en definitiva, nunca entremos en calor. Los brazos tienen un uso central en el trote, que a veces es pasado por alto, sin embargo, hay que considerar que el movimiento de la extremidad superior (braceo) aporta muchísimo al mantenimiento del equilibrio y al rompimiento de la inercia. Por esto es  vital pensar que si nuestros brazos están helados, el braceo será menos eficiente, la temperatura corporal disminuirá y nuestra sensación al correr será bastante desagradable.

Segunda capa: esta es la polera o camiseta común de running que venden en casi todas partes o que te entregan en competencias con la inscripción. En general, son se buena calidad o al menos aceptable para la realización del deporte.
De manga corta casi siempre. Si la primera capa es manga larga, no hay necesidad de que la segunda también lo sea. Es más, puede ser bastante incómodo.
Si es ancha o estrecha, cuello en V o redondo, eso depende de lo que cada uno prefiera. Lo importante es que el material sea adecuado para evitar la condensación del sudor y que quedemos demasiado mojados.

Tercera capa: esta es una capa que se utiliza en la etapa de calentamiento. No es necesario que sea especialmente diseñada para trotar, por que nos la sacaremos para comenzar el trote propiamente tal. Sin embargo debe ser lo suficientemente cómoda para permitirnos realizar la entrada en calor. Yo he probado con buzos de algodón, de poliéster, e incluso parkas en los días más fríos. Todas me han dado buen resultado. Claro que no las tengo puestas más de 10 minutos.
Lo importante en este caso es que deben servir para colocárselas encima una vez terminado el ejercicio, para evitar el enfriamiento.

Para el caso de las piernas, yo recomiendo utilizar dos capas. Aunque pueden ser tres:

La primera: calzas técnicas, largas o tres cuartos. La idea es brindar protección al correr y evitar enfriarse por la exposición a viento o bajas temperaturas. Las calzas deben ser pegadas al cuerpo, es decir que no quede suelta, ya que de esta forma es más cómodo y se evita la perdida de calor.

Segunda capa: en este caso es opcional. Se puede utilizar un short sobre las calzas. Más que nada por un asunto estético que por funcionalidad o protección. Importante considerar que el short debe ser más grande de lo habitual, para que no quede apretado sobre la calza y nos cause incomodidad.

Tercera capa: lo mismo que para la parte superior. Solo la utilizaremos para el calentamiento y para evitar enfriarnos luego de terminado el ejercicio. Materiales hay muchos. Algodón, poliéster, o cualquiera. Lo importante es que sea cómodo y que nos brinde calor.


Muda de ropa: este es un aspecto considerable. Quitarse la ropa mojada luego del ejercicio es central. Una vez que hemos terminado, entrado en reposo y nos hemos hidratado, es de suma importancia cambiarse la ropa húmeda, ya que esta solo contribuye a generar enfriamiento y eventualmente conducirnos a un resfrío.
Debemos sacar la primera y segunda capa. Colocarnos una camiseta limpia y seca, y sobre ésta nuestra tercera capa, buzo, chaqueta o parka (a veces más de una).
En el caso de las piernas, si no podemos quitarnos las calzas en un lugar privado y no queremos ser acusados de exhibicionismo, lo apropiado será colocarse el pantalón de buzo con el que hicimos el calentamiento, sobre las calzas para evitar enfriarnos.

Luego de elongar, será necesario irnos rápidamente a casa a tomar una ducha, cambiarse de ropa y comer algo.

En fin. Correr en invierno es una excelente opción, solo que debemos hacerlo con la indumentaria adecuada.


"Quit it's not the answer"
Javi.

lunes, 8 de junio de 2015

Parque Aguas de Ramón. Sendero Saltos de Apoquindo.

El día domingo 31 de mayo decidí, intempestivamente, ir a hacer el trekking de los saltos de Apoquindo. Hacía bastante tiempo que quería ir a recorrer este lugar, pero por una u otra razón (entre ellos la flojera) no lo había realizado.
A veces las mejores decisiones se toman con la fuerza de un impulso. Yo no soy mucho de esas personas, pero debo admitir que esta vez dio resultado.

Me desperté a las 07:50 horas, sola, al mirar la hora en el reloj, se me pasó por la mente la idea de salir al cerro. Debo admitir que tenía todo preparado desde el viernes, pero por frio y sueño, no me levanté el sábado. Lo dudé por un par de segundos, y luego sin darle más vuelta, eché atrás la ropa de cama y me levanté, me vestí con la ropa de trekking me comí un par de galletas y me tomé un batido de proteínas y salí (niños no sigan mi ejemplo, tomen desayuno antes de salir. Esto solo fue un acto de rebeldía y de estar contra el tiempo).


El sendero hacia los saltos de Apoquindo lo abren a las 08:00 am y se puede ingresar hasta las 10:00 horas. Pero ojo, que a las 11:30 se cierra el “cruce de los senderos”, que está en medio de la ruta, por ende lo mejor es llegar temprano (no sé bien porqué lo cierran).

A las 8:15 ya iba camino al parque Aguas de Ramón. Llegué a las 08:30 horas; tenía mis temores de que estuviera lleno, por ser día domingo y todo eso. Pero nada. Había pocos autos estacionados a esa hora. Así que rauda me bajé, me puse la mochila y fui a la administración. Es importante destacar que hay que registrarse en la entrada, con el circuito que se recorrerá. Además pagar $2.000.- pesos. El Parque lo mantienen hermoso y además sirve para la conservación y reforestación del lugar, así que yo pago sin chistar.

A las 08:40 ya iba rumbo los saltos. Se parte alrededor de 740 msnm, y la primera subida tiene bastante pendiente, si no hay buen estado físico se sufre. Luego de pasar la segunda antena comienza un sendero muy bonito y agradable, desde donde se tienen hermosas panorámicas de la (contaminada) ciudad de Santiago y de los valles que hay entremedio de los cerros. Los árboles no son muy grandes aquí, por lo que hay que llevar puesto factor solar. Corre una brisa suave pero constante, por lo que no es recomendable pararse a mirar o descansar en estos lugares mucho rato; ya que el frío te atrapa y cuesta mucho sacárselo de encima.


Este camino tiene altos y bajos que varían entre cuestas suaves y otras empinadas, y con piedras. Finalmente se desciende hasta el lecho del rio, donde hay un puente de madera para cruzarlo (es bastante caudaloso así que no es recomendable bañarse). En este sector se puede apreciar la primera caída de agua, que a pesar de ser pequeña es igualmente impresionante. Quedarse un rato a admirar la fuerza y escuchar el canto del agua, bien vale la pena enfriarse un rato.
En este sector de Los Peumos, hay unos baños ecológicos en caso de emergencia. Luego viene una subida bien empinada con varias curvas estrechas, tierra suelta y piedras, hay que tener cuidado al subir, pero más aún al bajar. Al terminar esta subida se llega a una especie de cumbre/mirador, la cual ofrece vistas preciosas de las laderas de los cerros y parte de la ciudad. 

Hay que bajar nuevamente hacia el lecho del rio, y hay que cruzarlo de nuevo. Desde aquí el camino se pone algo más pesado y la pendiente se hace bastante fuerte. Los bastones ayudan mucho, al menos a tener dos puntos de apoyo extra que siempre son bienvenidos. Hay que ascender como 2 kilómetros más hasta una nueva meseta, ya muy cerca del destino. Aquí nuevamente hay unos baños ecológicos para quien lo requiera. Se sigue el sendero y se llega a una explanada rodeada de árboles.
La cascada escucharse, fuerte y clara. El camino hacia la caída de agua está medio escondido. Es casi como de película, entre medio de matorrales y vegetación, se sale y de pronto… ahí está: el majestuoso Saltos de Apoquindo.
Ver este lugar lo deja a uno con muy poco que decir; así que no gastaré palabras intentando describir la belleza del lugar… hay que experimentarla por uno mismo.

Después de quedarme un rato observando y maravillándome con la cascada, me devolví unos metros hasta el claro de árboles, donde busqué un lugar donde sentarme a descansar y a comer algo. Es único poder estar tranquila, escuchando el agua fluir desde la cascada, a través del río; sin preocuparse de las cosas mundanas, sin teléfono, sin nada.
La vuelta da ganas de no hacerla. En parte por el cansancio, sabiendo que nos quedan 8 kilómetros y un poco más de travesía. Y porque, al menos a mí, me gustaría quedarme ahí por un largo tiempo (no se puede acampar).



En el camino de regreso, lo que más se sufre son las bajadas ¡Qué paradoja! Pero ya al venir de vuelta cansada, el descenso se hace duro. Ha sectores en donde se puede correr un poco, lo que alivia la carga; por su puesto, lo más entrenados y entusiastas del trail running pueden correr todo el camino si así lo desean. Yo por mi parte solo aplico velocidad en las bajadas, y no en todas.

Al finalizar el recorrido, uno queda con una sensación de gran satisfacción, y por otra parte de reflexión. Tanto que nos cuesta salir de la rutina, sin embargo hay muchísimas opciones cercanas, paraísos en medio de la ciudad, donde podemos escapar, descansar la cabeza y el espíritu.

Raya para la suma:
La distancia total son 16 kilómetros y un poco más (ida y vuelta); el tiempo promedio según lo informado en la página web del parque es de 8 horas en total, a mí me tomó 5 horas (ida y vuelta). La dificultad no es tan alta, sin embargo hay lugares donde se sufre bastante; es recomendable tener un estado físico bueno y harta cabeza para no abortar la misión a la mitad del camino. Es apto para toda la familia, y todas las edades (considerando el estado físico) yo lo hice sola y nunca me sentí en peligro.
Hay que llevar agua, y algo para comer durante el camino ya que es intenso y no vi lugares con agua potable disponibles.
La vestimenta debe ser cómoda, intentar ir con calzado técnico, y preparado para frio y calor (vestirse en capas), en general la temperatura es bastante baja, más aún si está cubierto y el sol no alumbra mucho. Corre viento helado (de montaña), no muy fuerte, pero constante, así que hay que considerarlo. Llevar guantes.

¡USAR FACTOR SOLAR por el amor de Jerome! 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Sólo la muerte nos hace humanos. "El hombre bicentenario", por Isaac Asimov.

Debo admitir que cuadro llegó este libro a mis manos, pensé que era una novela amplia, de muchas páginas. Pero me equivocaba. El Hombre Bicentenario es un cuento. Uno maravilloso.

Asimov tiene la habilidad de crear obras que pueden ser leídas de forma literal y encontrarlas entretenidas; y de manera más compleja, hallando una profundidad y riqueza impresionante.

Este relato, habla sobre Andrew, un personaje noble, tranquilo y honesto. Esencialmente bueno, pero tiene un solo problema: es un robot. Él lo sabe y no le gusta.
Es una unidad hecha para ocuparse de algunas tareas hogareñas. Llega a una familia, donde es bien recibido y tratado adecuadamente. Cumple a cabalidad con las tres leyes de la robótica, es fiel a sus dueños y su desempeño es notable; sin embargo algo sobre su condición comienza a molestarle. Y es precisamente el hecho de ser un robot.

En el cerebro positrónico de Andrew, se comienza a gestar la idea de querer ser humano. Y a traves de diversas formas, comienza a intentar ser y parecer uno. Utiliza ropa, busca la manera de que le realizen cirugías que comienzan a cambiar su fisonomía completamente.

Además, podemos ver cómo este robot comienza a "sentir". El explica en alguna parte que "los circuitos de mi cerebro funcionan con mayor fluidez" al realizar tareas que lo complacen, que le gustan. Su "señor" le permite desarrollar sus talentos y ganar dinero con ellos, de esta forma Andrew puede adquirir ciertas cosas con SUS propias ganancias y tener cosas propias. Finalmente cuando posee suficiente capital, decide comprar lo más valioso para él. Su libertad.

Luego podremos ver diversas peripecias y logros de este notable Robot, siempre queriendo ser y parecer más humano. En apariencia y, probablemente, en sentimiento, lo logra. Sin embargo aún no es considerado como uno más. Existe algo, que nosotros tenemos, y los robots no.
Y eso es la muerte.
La posibilidad cierta de morir, es lo que nos hace seres humanos. La característica finita de nuestra existencia no da la característica que un robot no tiene, ellos funcionan... nosotros vivimos. Es una diferencia sutil. En el cuento se plantea de manera excelente, este dilema. ¿Qué nos define como humanos?

Asimov nuevamente pateando cerebros.
Javi.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Nuestra vida es el sueño de alguien más. Niebla por Miguel de Unamuno.

SPOILER ALERT!
Primero, este post debió ser subido el martes, pero por razones de tiempo, me fue imposible. Dicho esto:

Desde niña, siempre me sentí intrigada por el nombre de Miguel de Unamuno. Me llamaba la atención, profundamente, había cierto misterio con respecto a su literatura y filosofía.
En la biblioteca de mi casa, encontré un ejemplar de Niebla, una nívola, como el propio autor la denomina. Fue una sorpresa increíble. Es entretenida, rápida, pero al mismo tiempo hace cuestionarse la convicción más profunda de todo ser humano: ¿existimos en realidad?

Para ser honesta, siempre me he cuestionado la veracidad de la vida como tal. Es como si permanentemente tuviera un sentido de irrealidad, como si las cosas no estuviesen pasando en realidad.

¿Qué pasa si verdaderamente todo lo que estoy viviendo, no es más que un sueño? ¿Voy a despertar? ¿Y si en realidad estamos muertos, y lo que percibimos, no es más que el delirio de un cerebro en sus últimos destellos? ¿Seremos una especie de sueño en la mente de algo o alguien? El hecho que nunca nadie se hiciera estas preguntas, era para mí, un motivo de preocupación franca ¿sería que, en realidad, yo estaba loca?

Pues no. Unamuno me hizo caer en la cuenta que existen otros como yo; que se cuestionan la existencia, no desde los objetivos o el pasado, sino desde su base misma ¿existimos en realidad?
Porque, ¿Qué es lo real, al fin y al cabo? La proyección de lo que nosotros creemos que es verdadero. Para un esquizofrénico, las voces que oye en su cabeza son tan reales, como para los no afectados por aquel padecimiento, es  la voz del locutor radial o del presentador de televisión.

Miguel de Unamuno, plantea magistralmente este dilema. El relato comienza presentando a los personajes, que psicológicamente hablando son bastante complejos. No realiza grandes descripciones; sino que es la forma de interactuar entre ellos, sus diálogos, y comportamiento,  lo que nos deja entrever de qué manera se constituye cada uno de los actores en esta historia.

Augusto, hombre solitario desde la muerte de su padre, vive en una casa con dos empleados, es bastante volátil en su manera de pensar. Tiene dinero, por lo que no realiza trabajo alguno, por lo que dedica su tiempo a pensar. Se enamora perdidamente de Eugenia, quién sin ser pudiente, no pasa necesidad. En el comienzo la chica parece ser extremadamente cándida y dócil; en busca de un marido con una posición privilegiada para asegurar su futuro. Sin embargo, poco a poco veremos que ella es terriblemente inteligente y calculadora. 

Víctor, es el típico amigo entrañable, a quién el protagonista confía sus secretos y deseos más íntimos. No es el típico amigo condescendiente, sino que a través de ésta relación, es donde mejor se puede conocer al protagonista y sus laberintos. En este compañero de vida, podemos ver reflejado también al autor, ya que éste se encuentra escribiendo un libro, una nívola. Se puede entender, de esta forma, aspectos que componen la filosofía de Unamuno, así como la visión que poseía sobre el mundo de la literatura.

De Orfeo, se podría decir que no es un personaje propiamente tal. Es un perro. Pero juega un papel tan importante en la vida del protagonista, que merece la pena nombrarlo. Con aquel can, que Augusto recoge de las calles, realiza profundas reflexiones, sobre la vida, la muerte y el amor.
Otros personajes notables son Mauricio, el novio de Eugenia, quien representa el epítome de la pereza  y completa falta de preocupación frente al porvenir. Domingo y Liduvina, los criados de Augusto, quienes lo quieren como a su propio hijo, y dan el toque hogareño  a la  vida del protagonista; Ermelinda y Fermín, son los tíos de Eugenia, quienes la han acogido en su casa, su tía quiere educarla en el camino recto, para que encuentre un buen esposo, sin embargo Fermín cree que su sobrina debe tomar riesgos y decidir por sí misma qué desea para su futuro, viviendo sin reglas esclavizadoras. Finalmente, Rosario, una muchacha que se encarga de la ropa del protagonista; ella, perdidamente enamorada de Augusto, se deja adentrar en una extraña relación, donde él busca consuelo a sus penas en los brazos de la muchacha.

Sin embargo, lo más notable de todo es el encuentro del protagonista con el Autor, quién es casi un personaje más. En esta reunión, Augusto confronta al escritor, exigiéndole existir, demandando libre albedrío, poder ser él mismo y dejar de ser manejado como una marioneta. Finalmente el autor se cansa de la rebeldía de su creación, y decide terminar con ella; lo condena a muerte. Esa noche Augusto morirá inevitablemente.

Debo decir que este encuentro es increíblemente notable, inesperado, trágico, y trascendente. No tengo otra palabra para describirlo, ya que luego de la conversación la vida del protagonista cambia de forma radical. No se puede evitar hacer una analogía frente a la eterna rebeldía del ser humano con la divinidad, cualquiera esta sea.

Trata de responder a la eterna pregunta de si queda algo de nosotros una vez que morimos. La inmortalidad es un cuestionamiento permanente, tan fundamental, que no queda respondida a cabalidad, pero puede desprenderse que, sólo si existe algo después de la muerte, entonces podremos ser inmortales, sin embargo es necesario que alguien en el mundo material, y terreno, nos pueda pensar, que nos sueñe.

Esta analogía es tan intensa que no es fácil imaginarla, ¿qué pasaría si, verdaderamente, solo somos el sueño de alguien? Durante mucho tiempo, nos han convencido que somos eternos y tan importantes que tenemos una vida  sempiterna esperándonos en una especie de paraíso. Posiblemente somos tan insignificantes, como una partícula de arena. Puede sonar deprimente, en cierto sentido lo es, no en vano algunas personas luego de interiorizarse en la filosofía de este autor, han decidido quitarse la vida. Pero, en mi opinión no tan humilde, creo que una vez asumimos que no hay nada del otro lado, y que luego de morir, nuestra existencia lisa y llanamente se termina, se puede vivir mucho más tranquilo y de manera más noble.

Más tranquilo, ya que no tenemos que estar siempre mirando sobre el hombro para no caer en tentación, o ser perseguidos por la idea del castigo eterno, con miedo de dios, miedo del pecado, miedo a la vida, miedo a la falta de tiempo o al exceso de este,  y miedo a la muerte inevitable. Si asumimos que nos acabamos, que somos seres finitos, la vida puede ser disfrutada de manera más plena; porque no hay otra oportunidad de hacerlo.

Más noble. Un gran aspecto negativo de las religiones en general, es el uso del chantaje y el soborno, para introducir sus preceptos. Te amenazan con el fuego y sufrimiento eternos si no crees, o si no cumples con lo establecido, si fallas, si te falta fe y te sobra confianza, te juzgan con una vara que ni los mismos jerarcas y partidarios más duros son capaces de alcanzar. Por si no fuera poco, además intentan comprar la voluntad y el juicio personal, con ofertas de una eternidad en un paraíso, libre de todo sufrimiento, la inmortalidad en dicha, paz y alegría. Pero solo si cumples lo que ellos dicen. Podrás estar entre los elegidos, si tu lista de obediencia está perfecta, y tienes un tiempo limitado para eso.

Creo que habla mucho más de una persona, el hecho que por libre decisión, escoja los valores y principios en base a los que quiere vivir, y los mantenga. Eso es tener integridad.


En resumen: este es un libro profundo, que invita a una reflexión de igual magnitud. Su lectura no es difícil, pero son las conclusiones posteriores son las más densas. La historia es rápida, a veces, demasiado, se percibe como si todo ocurriera en un abrir y cerrar de ojos. Es importante entender que el autor no se rigió por ningún estilo convencional a la hora de escribir el libro, sino que creó el género de la nivola, para poder sentirse más cómodo y redactar a sus anchas.

Javiera.

martes, 11 de noviembre de 2014

Gratamente sorprendida - “The girl with all the gifts”, por M.R. Carey. (NO SPOILERS)

Cuando leí un aproximado sobre el tema que trataba esta novela, me intrigó profundamente. Es de esos libros donde no puedes decir mucho para no revelar la trama principal, porque cada detalle es importante y conecta un punto con otro dentro de la misma historia. Por lo que intentaré dar una visión general.


Todo se sitúa en un mundo post-apocalíptico, donde prácticamente todo lo conocido ha quedado hecho cenizas. Las principales ciudades están devastadas y la población humana ha sido diezmada.

Nos encontramos en Inglaterra, en una escuela diseñada especialmente para unos niños muy particulares, que deben ser tratados de manera delicada. La protagonista de la historia es Melanie, una pequeña pálida, delgada, de cabello rubio y muy inteligente.

De a poco, el autor va revelando los diversos sucesos que ocurrieron para llegar al momento en donde se sitúa la historia. Al inicio no se entiende bien la trama, pero, y de forma casi sugerente, se comienza a develar el tema, lentamente, como una madeja de lana, causando en el lector la necesidad imperiosa de leer más y más, con el fin de descubrir cuál es el meollo del asunto, y responderse las mil y un preguntas que surgen a medida que uno avanza.

Debo decir que no todas las preguntas son respondidas a cabalidad, por lo que hay que “conformarse” con el final abierto y un poco de conclusiones propias, ya que algunos cabos quedan sueltos. Por ende, si a alguien le agradan, los finales cerrados donde todo queda claro y/o concluido, este libro no es para ellos.

Es una novela del grupo de la Dystopia, pero que sale de lo común frente a otras historias de ciencia ficción, no tiene diálogos técnicos interminables, y descripciones científicas que pueden transformar un texto en un soberano aburrimiento. Es rápida, divertida en algunos momentos, sin embargo, su principal cualidad es la de ser profundamente perturbadora. Da miedo, no porque M.R. Carey  tenga vocación de H.P. Lovecraft o Stephen King, sino porque nos refleja como humanidad. De la forma en que nos hemos comportado antes y de qué manera, en un futuro no muy lejano, probablemente no cambiaremos en nada.

La atmosfera del libro es, a ratos, densa y angustiante, pero siempre intrigante, no se puede odiar ni amar a los personajes mucho tiempo, debido a que comienzas a comprenderlos, ¿qué haría yo en este caso?  Hay momentos de intenso suspenso, que hacen que el lector involuntariamente aguante la respiración, por lo que no hay tiempo para aburrirse aquí.

La forma de narrar es bastante novedosa, el tránsito por las páginas es muy ameno y, además, la experiencia de leer en inglés, el idioma nativo del autor y original de la novela, enriquece mucho, porque las traducciones usualmente hacen que se pierda la esencia de los manuscritos originales. Aunque diga lo mismo, no es igual.

El final, es lo más sorprendente pero espeluznante que he leído. Cuando terminé, tuve que releer las páginas capitulares. Definitivamente no pude evitar sonreír con nerviosismo y decir: ¡Holy shit!

En resumen: una muy buena novela, refresca un poco el género de la ciencia ficción, y nos saca del paradigma. Entretenida, fácil de leer (para quién sabe inglés), perturbadora e inteligente. Lástima que no haya llegado a Chile aún.

Elevo mis manos a todos los dioses y demonios para pedir: ¡Que no la hagan película por favor!, es un muy buen libro como para que lo transformen en un fiasco.

Javiera.