Me ha pasado siempre que, en las decisiones importantes me cuesta poder ponerlas en perspectiva. Me es muy difícil proyectar un plan y mantenerme constante, especialmente cuando no puedo ver resultados más menos rápidos o tener una retro alimentación concreta, dinámica y veloz, frente a mis acciones. Por esta razón comienzo a perder interés, y a tomar decisiones rápidas, poco pensadas, sin la reflexión necesaria.
Me pasó esto con mi proyecto de comprar una casa... o departamento... una propiedad al fin y al cabo. Mi objetivo es irme a vivir sola, y, como no planeo casarme ni tengo pareja en el corto plazo, comprar es la opción que prefiero. Para esto, en Chile, hay que pedir un crédito hipotecario... no hay otra opción. A menos que seas hijo de un millonario o seas un narcotraficante, entonces tener propiedades no sería un proyecto, sino una realidad.
El asunto es que yo tenía la idea de irme de mi casa hace tiempo, es parte de mi proyecto personal más importante. Sin embargo, me van saliendo otras cosas en el camino y "olvido" mi principal objetivo.
De repente creo que es porque, secretamente en mi interior, no quiero irme de mi casa, me gusta vivir ahí y no tener que preocuparme por cosas como: pagar cuentas, dividendo, comprar cosas, etc,. Pero, por otro lado, quiero irme... ¡pero ojo! que no se entienda como si me llevara mal con mi familia, para nada (solo lo habitual). Quiero irme porque quiero hacer mi vida sola, hacerme responsable de mis propios asuntos. En el fondo sentir que soy adulta de una vez por todas.
Cada vez que lo pienso, me impaciento más por lograrlo. Tanto que me cuesta pensarlo bien, y quiero hacerlo ahora ya, salir de la oficina y partir a firmar la escritura de compra. Entonces me topo con las obvias limitaciones, no tengo dinero suficiente para el pie (20% del precio total de la vivienda como mínimo) que hay que dar al contado, no tengo claro el monto por el cual puedo endeudarme (algo llamado capacidad de endeudamiento) y los valores máximos de crédito a los que puedo optar con el nivel de ingreso que poseo en este momento de mi vida. Obvio que no sé nada de esto, porque no me he dado el trabajo de averiguarlo.
Pero por otro lado tengo tantas cosas que tengo en mente, que quiero hacer... viajar, sobre todo eso: viajar. Siento que comprar una propiedad es atarme a un lugar, a trabajar por siempre, amarrada a una deuda que pagaré hasta el día que me muera.
Esperanzador.
Así es como me voy para el otro extremo y quiero vivir una vida sumida en la anarquía y el desarraigo, donde nada me ate a ningún lugar.
El asunto es que este ultimo mes, me he visto corriendo y recorriendo lugares, en busca de un departamento para comprar... he encontrado, pero estoy limitada por el precio excesivo del metro cuadrado en esta sobre-poblada ciudad. Y, la verdad, eso me ha hecho desanimarme en más de una ocasión; preguntarme si de verdad quiero meterme en un trato draconiano; un contrato de esclavitud que durará al menos 30 años de mi vida, y ante el cual, como ciudadano común y corriente, me expongo a que ante el más mínimo error, todo me sea arrebatado.
Hoy, como buen domingo, entré en razón y me di cuenta que tengo que aplazar mi decisión de compra, es la única forma en que podré juntar un buen piso de dinero para comenzar y que el monto de mi deuda no sea tan brutal.