El día domingo 31 de mayo
decidí, intempestivamente, ir a hacer el trekking de los saltos de Apoquindo.
Hacía bastante tiempo que quería ir a recorrer este lugar, pero por una u otra
razón (entre ellos la flojera) no lo había realizado.
A veces las mejores
decisiones se toman con la fuerza de un impulso. Yo no soy mucho de esas
personas, pero debo admitir que esta vez dio resultado.
Me desperté a las 07:50
horas, sola, al mirar la hora en el reloj, se me pasó por la mente la idea de
salir al cerro. Debo admitir que tenía todo preparado desde el viernes, pero
por frio y sueño, no me levanté el sábado. Lo dudé por un par de segundos, y
luego sin darle más vuelta, eché atrás la ropa de cama y me levanté, me vestí
con la ropa de trekking me comí un par de galletas y me tomé un batido de
proteínas y salí (niños no sigan mi ejemplo, tomen desayuno antes de salir.
Esto solo fue un acto de rebeldía y de estar contra el tiempo).
El sendero hacia los
saltos de Apoquindo lo abren a las 08:00 am y se puede ingresar hasta las 10:00
horas. Pero ojo, que a las 11:30 se cierra el “cruce de los senderos”, que está
en medio de la ruta, por ende lo mejor es llegar temprano (no sé bien porqué lo
cierran).
A las 8:15 ya iba camino
al parque Aguas de Ramón. Llegué a las 08:30 horas; tenía mis temores de que
estuviera lleno, por ser día domingo y todo eso. Pero nada. Había pocos autos
estacionados a esa hora. Así que rauda me bajé, me puse la mochila y fui a la
administración. Es importante destacar que hay que registrarse en la entrada,
con el circuito que se recorrerá. Además pagar $2.000.- pesos. El Parque lo
mantienen hermoso y además sirve para la conservación y reforestación del
lugar, así que yo pago sin chistar.
A las 08:40 ya iba rumbo
los saltos. Se parte alrededor de 740 msnm, y la primera subida tiene bastante
pendiente, si no hay buen estado físico se sufre. Luego de pasar la segunda
antena comienza un sendero muy bonito y agradable, desde donde se tienen
hermosas panorámicas de la (contaminada) ciudad de Santiago y de los valles que
hay entremedio de los cerros. Los árboles no son muy grandes aquí, por lo que
hay que llevar puesto factor solar. Corre una brisa suave pero constante, por
lo que no es recomendable pararse a mirar o descansar en estos lugares mucho
rato; ya que el frío te atrapa y cuesta mucho sacárselo de encima.
Este camino tiene altos y
bajos que varían entre cuestas suaves y otras empinadas, y con piedras. Finalmente
se desciende hasta el lecho del rio, donde hay un puente de madera para
cruzarlo (es bastante caudaloso así que no es recomendable bañarse). En este
sector se puede apreciar la primera caída de agua, que a pesar de ser pequeña
es igualmente impresionante. Quedarse un rato a admirar la fuerza y escuchar el
canto del agua, bien vale la pena enfriarse un rato.
En este sector de Los
Peumos, hay unos baños ecológicos en caso de emergencia. Luego viene una subida
bien empinada con varias curvas estrechas, tierra suelta y piedras, hay que
tener cuidado al subir, pero más aún al bajar. Al terminar esta subida se llega
a una especie de cumbre/mirador, la cual ofrece vistas preciosas de las laderas
de los cerros y parte de la ciudad.
Hay que bajar nuevamente
hacia el lecho del rio, y hay que cruzarlo de nuevo. Desde aquí el camino se
pone algo más pesado y la pendiente se hace bastante fuerte. Los bastones
ayudan mucho, al menos a tener dos puntos de apoyo extra que siempre son
bienvenidos. Hay que ascender como 2 kilómetros más hasta una nueva meseta, ya
muy cerca del destino. Aquí nuevamente hay unos baños ecológicos para quien lo
requiera. Se sigue el sendero y se llega a una explanada rodeada de árboles.
La cascada escucharse,
fuerte y clara. El camino hacia la caída de agua está medio escondido. Es casi
como de película, entre medio de matorrales y vegetación, se sale y de pronto…
ahí está: el majestuoso Saltos de Apoquindo.
Ver este lugar lo deja a
uno con muy poco que decir; así que no gastaré palabras intentando describir la
belleza del lugar… hay que experimentarla por uno mismo.
Después de quedarme un
rato observando y maravillándome con la cascada, me devolví unos metros hasta
el claro de árboles, donde busqué un lugar donde sentarme a descansar y a comer
algo. Es único poder estar tranquila, escuchando el agua fluir desde la
cascada, a través del río; sin preocuparse de las cosas mundanas, sin teléfono,
sin nada.
La vuelta da ganas de no
hacerla. En parte por el cansancio, sabiendo que nos quedan 8 kilómetros y un
poco más de travesía. Y porque, al menos a mí, me gustaría quedarme ahí por un
largo tiempo (no se puede acampar).
En el camino de regreso,
lo que más se sufre son las bajadas ¡Qué paradoja! Pero ya al venir de vuelta cansada, el
descenso se hace duro. Ha sectores en donde se puede correr un poco, lo que
alivia la carga; por su puesto, lo más entrenados y entusiastas del trail
running pueden correr todo el camino si así lo desean. Yo por mi parte solo
aplico velocidad en las bajadas, y no en todas.
Al finalizar el recorrido,
uno queda con una sensación de gran satisfacción, y por otra parte de
reflexión. Tanto que nos cuesta salir de la rutina, sin embargo hay muchísimas
opciones cercanas, paraísos en medio de la ciudad, donde podemos escapar, descansar
la cabeza y el espíritu.
Raya para la suma:
La distancia total son 16
kilómetros y un poco más (ida y vuelta); el tiempo promedio según lo informado
en la página web del parque es de 8 horas en total, a mí me tomó 5 horas (ida y
vuelta). La dificultad no es tan alta, sin embargo hay lugares donde se sufre
bastante; es recomendable tener un estado físico bueno y harta cabeza para no
abortar la misión a la mitad del camino. Es apto para toda la familia, y todas
las edades (considerando el estado físico) yo lo hice sola y nunca me sentí en
peligro.
Hay que llevar agua, y
algo para comer durante el camino ya que es intenso y no vi lugares con agua
potable disponibles.
La vestimenta debe ser
cómoda, intentar ir con calzado técnico, y preparado para frio y calor
(vestirse en capas), en general la temperatura es bastante baja, más aún si
está cubierto y el sol no alumbra mucho. Corre viento helado (de montaña), no
muy fuerte, pero constante, así que hay que considerarlo. Llevar guantes.
¡USAR FACTOR SOLAR por el amor de Jerome!


